Historia

Fundación La Semilla es la consolidación de un proceso, en que un fuerte sentido de responsabilidad social de gente ligada a los sectores rurales de la V Región, da forma a un proyecto que busca la superación de la pobreza a través de la capacitación y el emprendimiento de cada ser humano.

Sin embargo, para que las personas sean capaces de emprender, éstas requieren de oportunidades. Teniendo esto en mente, Carmen García Domínguez, empresaria agrícola de la zona, observa a la comunidad rural en su día a día y se da cuenta de que “las mujeres, especialmente, quedaban un poco abandonadas a la suerte de estar siempre en las casas aburridas. Entonces, conversando con el gerente en la Agrícola, surge la idea de hacer un taller de crecimiento personal”.

Carmen García Domínguez

Fundadora de la Fundación “La Semilla”

Este taller sería dictado, en el verano de 1995, por María Angélica Maturana, quien junto a su familia, mantenía un comedor para adultos mayores de escasos recursos en el cerro Mayaca, Quillota. Este taller, que fue sumamente exitoso, permitió que las mujeres de localidad rural de La Cruz, cuyo mundo correspondía exclusivamente al cuidado del hogar y la familia, encontraran un espacio donde explorar aquellas habilidades y sueños que habían estado cubiertos por el velo de la rutina. Esta fue la primera piedra en la construcción de lo que hoy es Fundación La Semilla.

En poco tiempo la obra continuó creciendo. Las mujeres de aquel primer taller de La Cruz, tuvieron la necesidad de seguir juntándose y lo que comenzaba a ser Fundación La Semilla, fue descubriendo cada vez más necesidades a las cuales dar una respuesta. Así, a comienzos de 1997, un grupo de mujeres rurales toma contacto con Carmen García y solicitan generar una instancia productiva que las saque de la rutina diaria y además, les genere una fuente de ingresos para sus hogares.

Lo anterior llevó a que el 29 de enero de 1997, se constituyera como tal la organización, de acuerdo al título trigésimo del libro primero del Código Civil. Ésta tendrá como nombre Fundación La Semilla Inspirada en la Obra de Don Bosco. Con este gran paso se obtiene en julio de ese año, la personalidad jurídica, según el Decreto Nº 606 y con ello comienza a funcionar en La Cruz, el Centro La Palmilla, en el cual se realiza un taller de tejido a crochet, que enseña las técnicas de confección y diseño de artículos de primera calidad a las beneficiadas, recibiendo por su trabajo un merecido pago.

En 1998 comienza la construcción de La Villa, un hermoso centro recreacional y multifuncional,  ubicado en la comuna de Hijuelas, cuyo objetivo es financiar las actividades que se realizan en cada centro de La Semilla. Este lugar se transforma en la casa central de la organización.

La obra social que realiza Fundación La Semilla reproduce el legado de Don Bosco, padre de los Salesianos, cuya vocación es ayudar especialmente a los jóvenes de menores recursos y formarlos como “buenos cristianos y honrados ciudadanos”. En su modo de enseñanza, llamado Sistema Preventivo, miran con optimismo en las capacidades juveniles, poniendo especial énfasis en la presencia constante y activa de los educadores entre los jóvenes. El ideal educativo salesiano es acompañar, de forma tal a los jóvenes, que se les pueda prevenir antes de que caigan en alguna falta. Se les propone la “sana alegría”, el cumplimiento del propio deber y la ayuda a los demás, en el que generar un “ambiente de familia”, es imprescindible para la educación integral.

Hoy en día, Fundación La Semilla es una gran familia que ha solidificado su trabajo en la Quita Región apoyando a la comunidad de manera transversal, es decir, incluyendo a cada uno de sus actores: niños, jóvenes, adultos en su rol de padres, mujeres y adultos mayores. Para ello, cuenta con cinco centros ubicados en distintas comunas tales como La Cruz, Nogales, Hijuelas y Quillota, en la cual funcionan 2 centros. No obstante, para la Presidenta de La Semilla, el nivel de cobertura y desarrollo alcanzado en estos 20 años de vida por la fundación, no significa en ningún caso el decir “misión cumplida”, sino que abre a cada instante nuevos desafíos: “a medida que tu creces, y tienes esta estructura grande no puedes fallar. Hay muchos programas en los que puedes participar, pero son temporales, uno entra en una actividad y es difícil decir ya; no hay más fondos y la voy a parar. Entonces es un reto y un desafío constante, el cómo puedes conseguir los fondos necesarios para poder llevar a cabo la labor”. En sentido corresponde citar a Don Bosco, cuando dice “nunca hay que decir no me toca, sino ¡voy yo!”.